Juana Repetto: “Tener padres famosos te abre puertas, pero también hace que cueste el triple que te tomen en serio como actriz”

La hija de Nicolás Repetto y Reina Reech, Juanita, como todos la llaman, abre las puertas de su casa y en una charla íntima habla, entre otras cosas, de Ricardo Darín, su amor por los animales, su trabajo y de lo que significa para ella ser hija de dos figuras famosas del medio artístico.

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Por Nella Ghorghor

Ella tiene una fuerte personalidad y estilo propio. Pasó por muchos looks, rastas, pelolargo, corto, rubio y negro. Ama la moda, pero no la sigue al pie de la letra, al contrario, es innovadora, a veces diseña y hace ella misma su ropa. Actúa por impulso, va siempre de frente, tiene muy claro lo que quiere. Pero a la vez, aunque a veces no lo demuestra, es muy sensible. Juana Repetto es muy solidaria, y muy divertida. Así la describen sus amigas más cercanas, y así, muy divertida, fue durante toda la charla.

Vestida con all star, medias negras, y un vestidito del mismo color con lunares azules al estilo Marilyn, se sentó en el sillón de su departamento. Moe, un Chiguagua de 5 años, y Loretta, una cachorra de 6 meses que rescató de la calle, se acurrucan uno de cada lado y no se despegan de ella ni un segundo. “¡Ellos son mis hijos! Los amo. No sabés lo que fue cuando llegó Loretta a casa, los celos de Moe fueron terribles. Recién ahora se están haciendo más amigos”, cuenta con entusiasmo, mientras le pone edulcorante a un té. “Cuando la traje a Loretta, daba pena su estado, tenía sarna, estaba pelada, flaquita. Hoy me gratifica muchísimo verla recuperada. Si fuera por mí me traigo todos lo perros que veo en la calle, pero no puedo, no tengo lugar en casa”, se lamenta. Como no podía quedarse sin hacer nada al respecto, colabora con una agrupación que les busca hogar a los animales abandonados. “Le hice adoptar una perra a mamá, se llama Renata”, dice orgullosa.

Desde pequeña, cuando bailaba y cantaba detrás de camaras, mientras miraba alucinada a su madre grabar Reina en Colores, ella supo que se dedicaría al arte. Y así fue. Pasó por varias novelas, entre ellas, Frecuencia 04, Media Falta, Patito Feo, y el certamen Bailando por un sueño. En el teatro compartió escenario con Moria Casán y Rolo Puente, en Una Familia Poco Normal, y también hizo el Arco Iris de Rocío, un musical infantil dirigido por su madre, en el que no sólo participó como actriz sino que también fue parte de la producción. Según cuenta fue lo que más disfrutó hacer. Sin embargo, destacó que en Ocho Mujeres, obra dirigida por José María Muscari, fue donde más creció como actriz. Entre sus compañeras estaban Hilda Bernard, Norma Pons y María Leal. “Fue un placer y aprendizaje muy grande para mi trabajar con ellas”, dice mientras acaricia a sus cachorros.

Juana es multifacética, y siempre está haciendo algo, se ocupa de las escuelas de baile de su madre, trabajó en la producción de Stravaganza, Los Modernos, La Revista de Buenos Aires y el reality El Artista Del Año. Además produjo los musicales de Nico Trasnochado, el programa de su padre.

A la hora de conseguir trabajo, ¿te ayuda el apellido?
-Creo que tiene el mismo porcentaje de pros y contra.

– ¿Por qué?
-Porque se te abre una puerta enorme, la parte más difícil que es tener un lugar en el medio y que te conozcan, te viene de yapa. Pero una vez que entraste cuesta el triple que te tomen en serio como actriz. Lo que te ahorrás de dificultad para entrar es lo que después te cuesta que te tomen en serio.

– ¿Lograste que te tomen en serio?
– Creo que Muscari confió en mí para Ocho Mujeres y todos se sorprendieron para bien cuando me vieron. De hecho, me nominaron para un premio importante, el Estrella de Mar, y fue por mi trabajo, no por ser hija “de”. Pero creo que en general todavía me ven más como una chica del medio que como una actriz. Hay que seguir trabajando y con el tiempo todo llega.

Como es sabido, corrió el rumor de que Juana es hija del actor Ricardo Darín. Ella habla del tema sin problemas y hasta se lo toma a risa.

-¿Qué opinás de lo que se dice?
-Nunca me preocupó, siempre me lo tomé con humor, yo nunca tuve dudas de nada.

Por una de esas casualidades de la vida, el actor vive justo enfrente de su casa. Es más, desde su balcón se ve la puerta de entrada de la casa de Darín. “¡Fue increíble la casualidad! Nos hemos cruzado yo paseando los perros y el en la ventana y tenemos la mejor onda, nos reímos del tema. Es un actorazo, lo súper admiro”, cuenta.

Con respecto al amor, hace tres años que está sola. Desde que se separó de su ex con quien convivía. “Soltera no es lo mismo que sola”, bromea.

-Parece que sos difícil de conquistar, ¿qué buscas en un hombre?
-¡Uf! Ya no busco nada, que la vida me sorprenda.

Candelaria Schamun: “A Candela la hicieron mierda la Justicia y el poder político”

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(Foto: Facebook Cordero de Dios – El caso Candela)

Cada vez que habla de Candela Sol Rodríguez se le llenan los ojos de lágrimas y  no se esfuerza en ocultarlo: Candelaria Schamun siguió el caso de la nena más buscada del país desde  el 23 de agosto del 2011, un día después de su desaparición.  Admite que la muerte de la víctima de 11 años le impactó, y que incluso hace poco tenía una foto de ella en la heladera.  “Si no se quiso llegar al culpable fue porque la persona que actuó tenía un paraguas político o policial”, sostiene.

 – ¿Por qué creés que Candela Sol Rodríguez es un cordero de Dios?

– Durante su cortejo fúnebre escuché a una mujer que la despedía con esa frase: “Fue un cordero de Dios”. Es algo que también lo decía mi abuela y hace referencia a la muerte de un ser indefenso. Por eso titulé así el libro. Candela era una nena, que todavía no había gastado ni un par de zapatillas. Llegué a ella por una tragedia y siento que es alguien que conozco un montón, sin haberla tratado.

– ¿Con qué sentimientos te encontraste al momento de investigar el caso?

– El tema me atormentaba. Me atormentaba pensar, querer saber más. Cuando escribís un libro te auto-boicoteás un montón, hay días en que me levantaba y no podía escribir nada, absolutamente nada.  Después el tema me generó muchísimos temores.

– ¿Y cuando llegaron las amenazas?

Por momentos tuve miedo. No sabes quién es el que te está escuchando, no sabes con quien estás hablando, si esa persona puede hacerte daño o no. Desconocés si el que estás entrevistando es de confianza o no.

– Asumiste el caso al día siguiente de su desaparición, ¿cómo te afectó la muerte de Candela?

– Estaba en el lugar donde la encontraron y lo primero que me dijo un tipo en ese momento fue: “Imaginate un chanchito, esos que cuelgan en la carnicería. Bueno, así estaba la nena”. Cuando uno esta cubriendo estos casos y ve eso, es la misma adrenalina que te inmuniza, no sentís nada. Yo sabía que Candela estaba muerta, ya había rumores sobre eso porque no había ningún indicio de vida. Aún así fue un impacto terrible.

– Teniendo en cuenta que tu libro se lo dedicaste a ella, ¿cómo es tu relación con su memoria?

– Todos los días pienso en Candela. Hasta hace poco tuve una foto de ella pegada en mi heladera, y la saqué porque me hacía un poco mal. Escucho su tema preferido que era “Jurabas tú” de Los De Fuego, y pienso en ella. El libro se lo dedico porque me parece que la hicieron mierda a Candela, no solo los asesinos, sino también la justicia, el poder político y los abogados.

– Cuando escuchás su tema preferido, ¿cómo te la imaginás?

– Me la imagino cantando en la casa de su abuela paterna con su prima. Vi un montón de fotos de Candela y le doy vida a esas fotos. Me la imagino disfrazada de Tita Merello cantando “Se dice de mí”. También se me viene la imagen de su final, porque vi una foto de ella muerta y ahí aparece una sensación amarga.

– ¿Sabés qué piensa Carola Labrador, la mamá de Candela, de tu libro?

– Ella niega rotundamente la hipótesis narco que yo sostengo. Sin embargo, lo que digo está fundamentado en la Comisión del Senado que abrió el vicegobernador de Buenos Aires, Gabriel Mariotto. Es más seria y contundente que la abierta por el fiscal de Morón, Marcelo Tavolaro. La hipótesis habla de una operación política vinculada al narcotráfico en San Martín. Carola dice que ella no está metida en nada parecido, ni su familia. Si hubiese tenido fuentes que me llevaran a decir otra cosa, lo hacía. No volví a hablar más con ella, pero creo que actué como debía. No siento que la haya traicionado.

– ¿Creés que hubo complicidad policial para que no se investigue y aclare el crimen?

– Para que funcione cualquier tipo de organización criminal, como la trata de personas, el tráfico de estupefacientes o juego clandestino, es necesaria la complicidad policial. Soy de La Plata, donde viví muchos años, y sé cómo se llama el verdulero o el panadero, pero también dónde se vende la falopa. Es claro que los oficiales tienen conocimiento, porque además cada comisaría tiene un precio: todo lo que se genera por fuera de los márgenes legales es caja que va a la Policía.

– ¿Entendés que fue evidente el mal accionar de la Bonaerense?

– Claro, pero no por torpeza, o porque el caso se les haya ido de las manos. Si no se quiso llegar al culpable fue porque la persona que actuó tenía un paraguas político o policial. Hay un pedido de la Comisión Investigadora del Senado bonaerense para que muchos de los policías que participaron del caso sean exonerados, pero siguen estando. El comisario Hugo Matzkin es uno de ellos y aún es jefe de la Bonaerense. A estos tipos no los sacan así nomás, para que sean apartados tiene que haber una decisión muy fuerte. Lamentablemente, tiempo que pasa verdad que huye.

Eduardo Longoni: “Siempre fotografié con la conciencia de lo que quería decir”

El fotoperiodista Eduardo Longoni habla de su experiencia en la dictadura y los medios que le tocó afrontar. Además explica el orgullo de haber retratado La Mano de Dios.

Por Maite Muñoz

Sus fotografías- como la de los militares mirando la cámara- se convirtieron en símbolos de la mayor represión de Argentina. El fotoperiodista Eduardo Longoni retrató y fue testigo de la última dictadura militar. También es artífice de la foto de Diego Maradona que recorrió el mundo como La Mano de Dios.  En una anécdota cuenta que la primera vez que llevó a su hija a una manifestación en Plaza de Mayo, ella le preguntó por qué su famoso retrato no estaba firmado. Hoy entiende que hay momentos en los que uno produce algo que con el tiempo cobra vida propia.

– ¿Cuál es la diferencia entre la fotografía de arte y la de prensa? ¿En cuál preferís calificarte?

–  Un fotógrafo de prensa no siempre llega a ser artista, es difícil cuantificar cuando una pintura, dibujo o foto tienen entidad artística. Son consideradas arte cuando el mercado y la sociedad las acepta como tal, mientras el fotógrafo de prensa es un comunicador pero con otro lenguaje. Las Aguasfuertes Porteñas de Arlt cobraron esa entidad. Como fotógrafo no puedo pensar en si mi mirada se va a convertir en arte, el tiempo y la sociedad deciden.

– Tu carrera comenzó en plena dictadura. ¿Cuál fue el momento más impactante que fotografiaste y qué peso tiene en tu vida?

– El Mayo Francés fue una época mítica de la historia de la fotografía. Hay buenas y malas, pero el conjunto de ellas hace que sea recordado como una época de romanticismo y lucha. Un grupo de fotógrafos en la dictadura hicimos un trabajo conjunto catalogado como “símbolo”. Sin embargo, ninguno pudo fotografiar un secuestro, un campo clandestino o a desaparecidos arrojados al mar. Todo lo que la dictadura quiso que se mantuviera en tinieblas se mantuvo en tinieblas. La represión real de la dictadura estuvo velada a la mirada y visión de las cámaras: treinta mil desaparecidos.

Un acontecimiento muy destacado en tu vida profesional fue ‘La Mano de Dios’. ¿Qué significó documentar ese momento único? ¿Qué provocó en tu carrera?

– La fotografía deportiva no me interesaba, iba porque me encanta el fútbol y porque, como en esa época las cámaras no tenían programas y autofocus, me mantenía en la práctica de agilidad mental y física. Para estar en la calle lo necesitaba. Además trabajaba para una agencia que pretendía que cubriera fútbol. No soy un especialista en el tema, pero creo que La Mano de Dios fue una foto memorable. La tomé porque había quedado mal ubicado, pero yo tenía una mirada más atrevida que mis colegas: menos ortodoxa, me arriesgaba, y tenía un lente de tele corto que el resto no usaba. Es una foto mía muy conocida, estoy orgulloso de haberla hecho, tuve mucha suerte.

– Con un poco de suerte e intuición, llegaste a ese lugar y tomaste una foto que te hace sentir orgulloso. Pero, ¿qué se necesita para ser fotoperiodista?

– Se necesitan ganas de decir, de opinar y jugársela. La cámara es una herramienta más, es un artefacto. Sólo se requiere una opinión y se pone al servicio de ella. El fotógrafo de prensa es quien tiene una idea  de la realidad que lo circunde, una realidad que no es objetiva y tiene una pluralidad de puntos de vista, distintos lentes, distintas posiciones. Uno enfoca lo que le parece que representa el momento y lo recorta, pero siempre se intenta comunicar lo que está sucediendo y lo que se piensa al respecto. Se muestra la propia mirada del mundo.

– A veces uno se olvida de su profesión y actúa según su instinto, uno elige ser parte de un momento y no documentarlo o no ser parte y obtener el material…

– Hace poco recordé con amigos la foto de Madres de Plaza de Mayo, cuando les arrojaron granadas de gases  lacrimógenos a los pies, obtuve esa única escena y me las llevé de ahí a un lugar más seguro. Muchas veces el trabajo te impide intervenir, pero a veces uno debe hacerlo.

– Hablamos de deporte, de sociedad, de guerra. ¿Qué otros momentos te gusta fotografiar?

Desde hace un tiempo me dedico más a ensayos largos y cuestiones culturales y sociales que permiten reflexionar. Mi nuevo libro, Destiempos, contiene cinco ensayos sobre fiestas y comunidades que yo llamo ‘fuera de este tiempo’, que en realidad no lo están, pero tienen costumbres ancestrales, como los Menonitas, los Cuatrache, los Cuartrucho, los monjes de Clausura de Córdoba, el Carnaval de Humahuca. Estos trabajos llevan más tiempo, dedicación e investigación.

¿Hay algún momento que te haya dado mucha satisfacción documentar?

– Me pasa que este tipo de cosas no las vivís  en el momento, pero más que satisfacción dan mucho orgullo. Por ejemplo mi fotografía de La Tablada donde se ve el rendimiento de un guerrillero, con una rodilla en la tierra y los brazos en su cabeza. Luego de la publicación me enteré de que él era Alejandro Díaz, desapareció y nunca se supo más de él, es injustificable lo que le hicieron, pero gracias a mi labor se probó una situación absolutamente irregular. Que la foto haya servido para esclarecer un hecho es una satisfacción.

– ¿Sentiste miedo de fotografiar alguna escena?

Millones de veces tuve miedo, pero del que, si no te paraliza, te conduce a encontrar una mejor posición o te hace pensar hasta dónde podés llegar. Quien no tiene miedo en medio de un tiroteo seguramente va a caer. Yo seguí adelante. Sin embargo me parece que ‘seguir adelante’ más que estar en una situación de riesgo implica hacer frente a un miedo propio. Mi foto del Juicio a las Juntas es prueba de afrontar eso, es la única que hice llorando pero me sobrepuse. Yo vi a los comandantes discursear, decir barbaridades, pero nunca pensé verlos en el banquillo de los acusados, sobre todo en un país que tiene tan poca memoria. Yo los vi y seguí adelante, uno no tiene que dejar que el momento lo venza, pero es el único momento que recuerdo haber visto empañada la imagen. Siempre fotografié con la conciencia de lo que quería decir, la cámara es tan útil para hablar como para callar, no siempre una imagen vale más que mil palabras, a veces un imagen es la que silencia.

En la dictadura fotografiaste una época de censura, represión y cautiverio. ¿Tenés alguna escena que represente la libertad?

Tengo una perfecta que, en mi opinión, representa la libertad, la justicia y la esperanza. La justicia llega tarde, pero yo la capturé en la liberación de doce presos políticos de la cárcel de Devoto, en 1987. Entre ellos se encontraba Juan Tejerina, liberado casi cuatro años después de la llegada de la democracia. Fui esa madrugada e hice la foto de este hombre abrazado a su mujer y su hijo. Es una escena muy conmovedora que da muestra de la espera y el sentimiento de ser libre. Esto también habla de mí, documenté una lucha de la que había sido parte. De alguna manera la fotografía fue mi militancia.

Silvina `Pity´D´Elia: “Pienso retirarme del hockey en los Juegos Olímpicos del 2016”

La defensora de Las Leonas confiesa que prefiere abandonar el equipo antes de que la echen. “Vivir de lo que me gusta no tiene precio, pero sí fecha de vencimiento”, reflexiona. A los 27, admite que le gustaría estudiar periodismo deportivo y retomar la carrera de kinesiología. 

Por Nella Ghorghor y Jessica Zilberman

Con el logo de la Confederación Argentina de Hockey en el pecho, un short deportivo y el pelo atado, llega la defensora de Las Leonas, Silvina “Pity” D´Elia. La jugadora mendocina de 27 años, que decidió desde pequeña dedicarse al deporte, actualmente integra el equipo del Club de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA). Pese a sus grandes logros en Buenos Aires, a los 17 años decidió retirarse del seleccionado sin imaginarse que, tiempo más tarde, volvería a ser convocada.

– ¿Qué significa para vos jugar en GEBA hoy?
-Es muy importante. Cuando llegué, en 2007, hacía 42 años que no salían campeonas y ese año pudimos lograrlo. A partir de ese momento ganamos todos los campeonatos. Creo que caí en el club y en el grupo adecuado para mí, siento como si perteneciera a ese lugar desde los cinco años. Venir a Buenos Aires para alguien del interior es complejo. Me abrieron las puertas y le estoy muy agradecida al club.

-¿Cómo te ves en el futuro?
-Lo que viene lo veo en parte incierto: en el Seleccionado hoy estás y por ahí mañana te sacan, es una competencia de todos los días. Es una situación que, en general, a los deportistas nos cuesta. Por otro lado, tengo ganas de empezar a estudiar periodismo deportivo el año que viene y retomar kinesiología, que la dejé por los entrenamientos. Pienso retirarme en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.

– ¿Por qué te querés retirar?
Porque lo quiero decidir yo, no me quiero ir porque me saquen ellos. Ya voy a cumplir 30 años y creo que la mejor edad de la mujer son los 28 o 29, porque después una se empieza a cansar y a tener otros proyectos. Además, una ya no tiene el mismo cuerpo, es por eso que se complica. Vivir de lo que me gusta no tiene precio, pero sí tiene fecha de vencimiento.

-¿Cuáles son tus expectativas para esos Juegos?
– Hoy estamos lejos del nivel que teníamos en los Juegos Olímpicos de Londres por la falta de entrenamiento y el cambio de entrenadores y jugadoras, entre otras cosas. Igualmente considero que en estos tres años podemos mejorar, pero es difícil porque las jugadoras se van poniendo más grandes y las ganas quizás no son las mismas. Obviamente se incorporaron chicas nuevas con muchas ganas, por eso es cuestión de transmitir los valores para que Las Leonas sigan creciendo.

-Entre el 21 y el 28 de septiembre se disputará en Mendoza la Copa América ¿Qué expectativas tenés al representar al país en tu provincia natal?
-Ya me tocó un par de veces jugar en Mendoza. Es muy lindo porque se siente el apoyo de la familia, los amigos y el club. Igualmente, hay otro lado que no está tan bueno, porque al ser de ahí todas las miradas están puestas en vos y la gente en general critica y está pendiente de si firmás autógrafos o si sonreís. Finjo que no me afectan las opiniones de los demás, pero en realidad sí me importan.

-¿Qué sentís cuando te comparan con otras jugadoras como Cecilia Rognoni?
-Por un lado te mete presión, pero por el otro también es lindo que te comparen con alguien importante. Yo juego en la posición que tenía Cecilia y trato de copiar las cosas buenas que hizo ella durante su carrera.

-¿Ella es una de tus referentes en el deporte?
-Sí, claro. Ella integró diez años el seleccionado y salió mejor jugadora del mundo. En el 2003, antes de renunciar a Las Leonas, se acercó y me dijo: “Nunca te vi sonreír acá”, y que me comente eso para mí era muy importante. No le contesté nada, me fui a mi casa pensando y cuando volví a verla le dije que no quería estar más. Ella me respondió que si no lo disfrutaba me volviera a mi lugar. Ese mismo día, Cecilia me ayudó a decirles a los entrenadores que renunciaba. Hoy en día me cuenta que después de su consejo pensó que me había arruinado la carrera. Es muy loco, porque era mi referente, mi ídola y ahora es mi amiga.

-¿Te arrepentís de haber abandonado el seleccionado en esa época?
-No, y lo volvería a hacer. La pasaba mal porque viajaba a Buenos Aires todos los domingos y me volvía los jueves. Odiaba tomarme dos aviones cada semana.

-¿Qué diferencias hay entre tu paso por Las Leonas en 2003 y el actual?
-Ahora soy una de las más grandes, de las líderes, y eso me hace más responsable. En 2003 era una nena de 17 años que sólo venía a jugar y a disfrutar. Hoy en día también me divierto, pero asumo otros compromisos como los de transmitir los valores de Las Leonas.

-¿Qué objetivos te quedan pendientes?
Uno siempre sueña con jugar en un Mundial o en un Juego Olímpico, pero cuando se van cumpliendo las metas cada vez querés lograr más cosas. En el 2010, que salimos campeonas en el mundial, yo quería la medalla de oro y ahora quiero defender el título del mundo y además tener un reconocimiento personal. Siempre es uno el que se va poniendo nuevos objetivos.

Claudia Puyó: “Mis shows son mi momento de libertad”

La cantante y ex corista de Fito Páez no se considera conocida. Además, reniega del ambiente: “Yo vivo en un barrio de mierda, no vivo como los rockeros que hicieron guita”.

Por Nadia Acosta y Stefanía Sesti Lagoa

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“Yo con la música me voy un rato de este lugar”, afirma la cantante. (Foto: Facebook Claudia Puyó)

Con una presencia imponente, ella entra a La Perla de Once, el lugar mítico del rock nacional frente a Plaza Miserere, donde se llevará a cabo la prueba de sonido que luego se transformará en una cena-show. Lo primero que hace al llegar es pedirle al mozo un fernet con Coca-Cola Light y unas empanadas de jamón y queso. Está cansada porque, con la ayuda de sus músicos, bajó los equipos e instrumentos que lleva a todos lados para dar un recital. Esta noche fría contará con una participación especial debido a que su baterista se encuentra de viaje: Rodolfo García, uno de los fundadores de Almendra.

Claudia Puyó tiene un increíble parecido a Janis Joplin: un exuberante pelo castaño claro con rulos y una voz que transporta a cualquiera a los años dorados del soul yanqui.

-¿Cuál fue tu primer acercamiento con la música?
-Era muy chiquita, mi padre escuchaba música clásica y empecé escuchando. Cantaba sólo las cosas que me gustaban, deteniéndome a oír cada cosa: quién era el compositor, quién era el que tocaba. Así empecé. A los ocho años me llegó mi primer disco de Los Beatles y se me perdió la cabeza. A los 10 tuve el disco de Frank Zappa y, bueno, la música clásica me gustó mucho tiempo hasta que empezó a llegar el rock.

Puyó se describe como una autodidacta total. Todo lo que sabe de música lo aprendió sola: “Soy zurda y toco con una guitarra de derechos con las cuerdas al revés, porque como no tenía guitarra y aprendí sola, nadie me iba a enseñar a tocar de esa manera. Aprendí a cantar arriba de los discos, no tengo escuela. Todos los instrumentos que toco, los toco de oído”.

La mujer de la gran voz, que ha cantado con muchos de los grandes del rock argentino, se define con una personalidad acorde a su signo zodiacal, géminis, debido a la cantidad de cosas que le gusta hacer, como pintar –aunque según ella “lo haga como el orto”-, leer, ir al cine. También dice disfrutar de los hombres, la bebida y la buena comida.

A pesar de que se desempeña localmente en el rock, el soul es el género que más la identifica, pero “en castellano suena a Luis Miguel, a un bolero. Para hacer soul tipo Aretha Franklin tendría que ser negra, ser ella y haber nacido en Estados Unidos”, dice. Además tiene un gran gusto por toda aquella música que transmita un mensaje profundo, siempre y cuando hable y exprese algo desde un lugar conmovedor. El jazz, el tango y hasta el folklore forman parte de sus gustos.

– ¿En algún momento se te cruzó dedicarte a otra cosa?
– Ni en pedo. En realidad yo nunca pensé en dedicarme a esto. Fue una casualidad, el destino. Se dio porque se tenía que dar. Yo no fui de esas que cantaban en el espejo con un secador de pelo y decían “Ay, qué diosa que soy”, ni en pedo. De chica quería ser veterinaria o estudiar filosofía. Se me cruzaban millones de cosas. Además terminé la secundaria en pleno golpe militar, por ende muchas de las facultades estaban cerradas.

Puyó es una mujer sin pelos en la lengua que dice las cosas de frente y sin titubear, pero al momento en que se le pregunta sobre sus cábalas antes de tocar admite que la bebida funciona como un auténtico ritual para soltarse. “El alcohol es como un desinhibidor. Yo soy una persona que parece muy para afuera, pero no. El año que viene cumplo 55 y van a hacer 40 años que me subí a un escenario por primera vez, pero la sensación siempre es rara. Una adrenalina que no la puedo explicar con palabras, que tiene además el anticipo de una especie de tormenta. A veces es mejor y otras es peor. A veces tiene más alma, a veces menos. Pero mis shows son momentos en los que no pienso, son mi momento de libertad, entonces ahí estoy sin mi cabeza que no para nunca”, cuenta.

Sus músicos continúan armando el pequeño escenario del bar de Once, probando los micrófonos y las guitarras. Cada tanto ella pega un grito imperativo para que nada salga del orden. Por una de esas casualidades, su tecladista comienza a tocar un bello sonido melancólico que se transforma en Adela en el carrousel, de Charly García. La música se corresponde con el tono de la conversación y esa coincidencia asusta. “Escribo en la oscuridad total, sin ver. Es una cosa necesaria para mí. Es como vomitar. Escribo lo que me pasa, lo que siento. Escribo desde muy chiquita, tengo diarios cerrados con ganchos para que nadie los abra, ni yo. Hay que mirar para adelante, si mirara para atrás no estaría acá. Yo con la música me voy un rato de este lugar. No digo que el mundo no sea un lugar interesante, pero a mí me duele demasiado, el mundo no es para mí”, cuenta con los ojos húmedos.

Si bien Puyó es conocida públicamente por su labor como corista de Fito Páez y su participación en discos de Fabiana Cantilo, Peteco Carabajal y Patricia Sosa, tiene una carrera como solista desde 1980 y varios discos grabados, pero siempre se mantuvo en el circuito under. “Yo vivo en un barrio de mierda, no vivo como los rockeros que hicieron guita. Vengo de abajo, nunca transé, ni voy a Soñando por la concha de su madre ni a esas mierdas. Me parecen una porquería. Nadie es mejor ni peor que nadie. En el arte no se compite, pero lo que les importa es si tenés un buen orto y no si cantás bien o como el ojete. Está todo muy podrido y me hincha las pelotas. Soy anarca, la imaginación al poder. En el amor a la música dejá tu vida. Lo comercial es todo muy oscuro y no aporta nada. Cada vez la gente está más confundida, hay gente muy boluda”, dice con una sinceridad admirable para el ambiente.

-¿Te hubiera gustado no ser conocida públicamente?
-Yo no soy conocida. Siempre quise ser un anónimo y lo soy. A mí me gusta la libertad y me asusta la idea de no tenerla, eso me preocupa de esta profesión. Pero no me persiguen con cámaras ni les importa dónde vivo. No me pasa que venga la revista Caras. Si llegaran a venir dirían: llegamos a Sarajevo. Yo hago las compras, conozco a la verdulera. Y no quiero estar en el otro lado. Además a uno lo ven si uno quiere. Si yo no quiero, no me ven. La gente no me reconoce si yo no quiero. Me camuflo bien y eso que tengo este pelo, que es difícil de camuflar. Me han dicho: “Qué parecida sos a la Puyó” y yo les digo: “¿Viste? Siempre me lo dicen”. Es que el mundo me parece raro, no es como yo quisiera.

-¿Cómo te gustaría que sea?
-Y… es una utopía.

-¿Disfrutás estando sola?
Yo soy sola. Tuve muchas pérdidas. Amé mucho y se me murieron muchas personas amadas. Todo muy doloroso. Soy sensible aunque no lo parezco. Adentro tengo al Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Me gusta estar sola, aprendí a estarlo. Es difícil estar con uno mismo. Pero uno puede hacer muchas cosas. La contemplación es una de las cosas más hermosas, no hay que perder tiempo en la gente. Eso chupa mucha energía, contemplar es más inteligente.

El año pasado Puyó vivió una mala situación con su viejo compañero de trabajo, Fito Páez. Lo acusó de despedirla de la gira de los veinte años del disco El amor después del amor por gorda. En ese momento, ella había declarado en Radio Mitre: “Fue muy fuerte, me dijeron que bajara de peso. Páez dijo: ‘Bueno hija, tenemos que bajar seis kilitos’”. Al ser consultada acerca de su actual relación con el cantautor rosarino, simplemente responde con monosílabos para aclarar que ya no hay relación.

Luis Ventura: “Para mí el periodista Jorge Lanata murió hace diez años”

El intruso tildó de “publicistas” a los programas PPT y 6,7,8. También confesó que tanto Scioli como Massa le ofrecieron iniciar una carrera política.

Por Ailén Diap y Alan Hernández

 

 

 

 

 

 

 

No es difícil distinguirlo entre la multitud con su metro noventa y ese andar acelerado que indica que es un hombre ocupado. Y no es para menos, porque Luis Ventura es periodista, conductor, director de una revista, autor de un libro y custodio de documentos que podrían hundir carreras enteras en un parpadeo. Aunque asume que el día le queda chico y que necesitaría por lo menos cuarenta horas para aprovechar cada rol de su vida, sueña con montar junto a su colega y amigo Jorge Rial un museo del mundo del espectáculo, e incluso le han ofrecido participar en política. El hincha de Lanús considera que trabajaría en cualquier medio mientras no le “compren” su opinión. Y aunque, para informar su lugar favorito es la radio, asegura que se maneja mejor en una redacción de gráfica.

Durante la charla, el periodista de espectáculos más informado del país se mostró crítico con el gobierno y la oposición. De cara a las elecciones de octubre, y tras su cruce mediático con Jorge Lanata, Luis Ventura prefiere reservar su posición política y reconoce que tiene buena relación tanto con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, como con el candidato a diputado por el Frente Renovador, Sergio Massa. Incluso, confiesa que ambos le ofrecieron comenzar una carrera política, pero que él finalmente se negó. También opina sobre el periodismo actual y califica de “publicistas” a los programas 6, 7,8 y Periodismo para todos.

El conductor de Secretos Verdaderos define la labor periodística como una actividad en extinción. En ese sentido, arremete contra los programas 6, 7,8 y Periodismo para todos: “Cuando se comunica como lo hacen ellos, estamos hablando de publicistas más que de periodistas”, asegura, y al mismo tiempo, los acusa de “publicitar determinadas organizaciones o ideologías” en donde “no se escuchan otras voces”. Para él, en el ejercicio del periodismo “hay que escuchar al otro, sino uno está haciendo campaña”. El intruso estima que quedan pocos profesionales en el medio, entre los que se incluye. Atribuye esa involución del periodismo a que “cada vez hay más militancia e intereses empresariales” que disminuyen los espacios periodísticos.

A su vez, compara el programa de Jorge Lanata con un reality de humor. “Lo poco que tiene de información lo utiliza para inflar a la oposición y desinflar al oficialismo”, asevera el director de Paparazzi, mientras engulle un risotto de pollo en un restaurant de Palermo Hollywood. Además, expone las secuelas del reciente enfrentamiendo mediático con el conductor de Periodismo para todos: “Para mí el periodista Jorge Lanata murió hace diez años”. Ventura asimila que cuando el creador de Página/12 comenzó a tener serios problemas de salud, delegó la tarea de investigar a sus colaboradores que, según él, “dejan mucho que desear”.

Si bien es reservado en cuanto a su posición ideológica, Luis Ventura confiesa que el año pasado Sergio Massa y Daniel Scioli, por separado, lo convocaron para iniciar una carrera política. Él se negó, pero le sorprendió la contundencia del ofrecimiento por parte del líder del Frente Renovador. “Según encuestas, la aprobación de mi imagen era de un 93 por ciento”, dice en una mezcla de orgullo y asombro. Llegó a reunirse con Massa y en ese momento, le aclaró al líder del Frente Renovador que su profesión es “netamente periodística” y que no se siente “preparado para ejercer la política”. Otro de los interesados en el intruso fue el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. “Desestimé su propuesta porque para integrar el proyecto debía participar de las convocatorias, y eso no me pareció correcto”, comenta balanceando la cabeza de un lado al otro. “Creía que iba a engordar un puchero que no iba a ser el mío”, concluye. A pesar de su negativa a ambas propuestas, el periodista reconoce que tiene una “excelente relación tanto con Scioli como con Massa”. En la misma sintonía, menciona a los famosos que se encuentran sumergidos en la política, como el ex Midachi y actual candidato por el PRO en Santa Fe Miguel del Sel. “En la política el marketing es imprescindible, y la imagen vende. En ese sentido, el famoso tiene la cintura de presentación de envoltorio necesaria”, observa Ventura.

En cuanto al cuestionado “fin del kirchnerismo”, el periodista descree de esta versión: “A lo mejor la derrota en octubre puede marcar la finalización de un gobierno, pero se ha creado una fuerza que tiene proyección a futuro”, señala. A su parecer, la presidenta Cristina Fernández “es una persona muy inteligente y ejecutiva”, sin embargo, estima que “muchas veces compra información que no es exacta con la realidad”. Incluso se anima a compararla con Jorge Lanata, cuando hace referencia a la mala información que manejan sus colaboradores. “Las últimas elecciones le demostraron a la Presidenta que algo está fallando”, observa. “Yo también estoy puteando cuando me viene la cuenta de la AFIP. A veces tengo que pagar vencido porque no me alcanza la guita”, comenta un Ventura casi indignado. Aunque rápidamente aclara que a su parecer, “la educación y la salud han mejorado” con la gestión kirchnerista. Luego plantea que la inseguridad es una problemática a la que el gobierno tiene que abocarse, y le pone el acento a la necesidad de fomentar el “hábito del trabajo”. Si bien celebra la ayuda que el gobierno brinda con los planes, opina que ese subsidio debe darse “desde un lugar donde se valore el esfuerzo de ganarse el pan”.

En su libro Toda la verdad y nada más que la verdad, el director de Paparazzi revela que conserva documentos que prueban la relación entre el vicepresidente Amado Boudou y el empresario Alejandro Vanderbroele. Sin embargo, Ventura prefiere no mostrar esos comprobantes porque a su parecer “quedarían en el cotilleo de barrio y no en la Justicia” porque eso “no cambia en nada” la causa. El intruso afirma que esos documentos son recibos de Telefónica donde un departamento que era de Boudou pasa a estar a nombre de Vanderbroele. “La Justicia no va a condenarlo porque lo conozca. Acá el tema es si choreó, y eso no lo puedo demostrar”, explica a la defensiva. Lanata le ofreció dinero por la información, pero él se negó. “No lo vendí porque advertí que podía ser parte de una operación de prensa”, sostiene.

Luis Ventura se caracteriza por admitir abiertamente que la información es un gran negocio. A diferencia de muchos, no se deshace en ideas románticas, y no suele hablar de ética, sino de códigos. Resulta común que a la hora de una opinión sobre el mundo del espectáculo, él tenga la palabra. Como ocurre en el caso de Marcelo Tinelli. El conductor de Secretos Verdaderos adelantó en marzo que el cuervo volvería a la televisión en el segundo semestre de este año. “Tinelli no volvió porque no es sólo él, son más de trescientas personas que necesita el programa para salir al aire, y dirigir a toda esa gente no es fácil”, asegura. Ventura intenta desprenderse de la creencia de que los programas de chimentos viven, o mejor dicho vivían, de Bailando por un sueño. “Tanto en Paparazzi como en Intrusos, nunca fuimos adictos a Tinelli”, recalca, para luego agregar que América pidió en su momento que no se levantara información en base a lo que ocurriera en el programa del ex conductor de Showmatch. “Era competencia. Él hacía su negocio, y no queríamos engordarle la billetera sin ningún beneficio”, explica, y finalmente sentencia: “Intrusos no lo extrañó para nada”. Según él, la televisión tampoco lo echa de menos: “Puede vivir sin Tinelli como lo hizo siempre y como lo está haciendo ahora”.

Unos minutos después de confesar que a Leonardo Fariña le cree “algunas cosas si y otras no”, aparece en escena el ex de Karina Jelinek. Y mientras se saludan como dos amigos que se encontraron de casualidad, Fariña le dice: “Tengo un móvil”, señala hacia arriba al mismo tiempo que se incorpora, y rápidamente desaparece por una escalera que lleva al piso superior del restaurante.

El risotto va desapareciendo y Luis Ventura comenta que su día no termina ahí: Son casi las seis de la tarde y todavía tiene que escribir la editorial de la revista Hola, supervisar la redacción de Paparazzi y finalmente, si le queda algo de tiempo, sumarse a la hinchada para ver el partido de Lanús.

Quique Wolff: “Llevar la antorcha olímpica fue fantástico”

El conductor del programa “Simplemente Fútbol” antes de ser una de las caras más reconocidas del canal ESPN, jugó en Racing, River, Las Palmas, Real Madrid, Argentinos Juniors y Tigre. Dice que su puesto era de delantero pero que le faltó ponerse el buzo de arquero para ocupar todas las posiciones en una cancha, y adelanta que está próximo a lanzar un libro con algunas entrevistas.

Por Christian Bravo

Wolf

Wolff en el estudio de Sportscenter (Martín Pauca)

Enrique Wolff  atiende el teléfono de su casa a las 19.30, luego de haber estado en una reunión, y dice que no tiene problema en abrir la puerta de su casa en Martínez pese a que su mujer Mara ya está preparando la cena. Eso sí, para acompañar los mates solicita un paquete de sus galletitas favoritas, las Toddy’s. Conductor del noticiero deportivo “Sportcenter” y del programa “Simplemente Fútbol”, emitidos por la señal deportiva ESPN, comienza a recordar viejas épocas, las que lo tenían alejado de la televisión y bien pegado a la línea de cal. “Jugar en Racing era mi sueño y mi hermano me consiguió una prueba. Cuando fui, el encargado en ver a los chicos era un ex jugador, Juan Carlos Jiménez, y me vio con condiciones porque me pidió que fichara para la octava división pero había un problema, ya estaba llena, entonces me obligó a que le anotara mi teléfono, que al año siguiente me iba a llamar”, comienza a relatar con pausa y sin ningún apuro el futbolista-periodista.

Al año siguiente volvió y logró fichar ¿Cómo se dio su debut en Primera en el famoso y recordado equipo de José Pezzutti?

– El debut fue fantástico, fue todo muy rápido, yo jugaba de delantero en la séptima, salimos campeones y al año siguiente me pusieron en tercera, jugué tres partidos y me llevaron a entrenar con la primera a la pretemporada en Córdoba. Jugué un partido y cuando volvimos, José me dijo que de ahora en más iba a entrenar con la primera y le dije que no podía porque los entrenamientos eran por la mañana y yo tenía colegio. Entrene con la tercera en el 63 y debute en el 67 en primera contra Boca en la Bombonera. Empatamos 0 a 0, fue un sueño.

– Pezzutti, sabiendo que usted era delantero, lo hizo debutar como mediocampista central para luego retrocederlo como lateral derecho ¿Se sintió afectado por ese cambio?

– José me ponía de lo que necesitara, jugué de lateral izquierdo, de zaguero central, de mediocampista por derecha. Él, cuando me dijo que mi puesto iba a ser lateral derecho, me dijo que iba a ser uno de los mejores laterales del mundo y no le erró, gracias a ese puesto pude ser capitán en River y jugar un mundial.

Llega Pedro Wolff a la casa, el hijo que actualmente colabora con Quique en su programa y añade: “En realidad mi viejo era malo jugando al fútbol, pero el apellido, para la época, garpaba”. Enrique dice que su pase a River fue el pase más caro en la historia del fútbol argentino para la época y jura que le está eternamente agradecido al club de Núñez ya que logró ir al mundial de Alemania 1974. “Irme a jugar a España a un club como Las Palmas, que peleaba por no descender, fue una decisión que la gente no entendía pero yo quería hacerlo porque mi sueño era jugar en el Barcelona o en el Real Madrid. Por suerte a los dos años se me dio la oportunidad y firmé por el Madrid”, asegura Wolff. Justamente por jugar en el club merengue, Enrique se perdió la oportunidad de jugar el mundial de Argentina 1978 y, para no perderse el otro campeonato mundial de 1982, decidió volver a nuestro país para jugar junto a Diego Armando Maradona en Argentinos Juniors. “Para 1982 yo ya me había retirado y ese mismo año hice mi primera participación periodística junto a Diego Bonadeo”, recuerda el hombre que se enfrentó a los grandes de la historia del fútbol mundial. “Jugar contra Beckenbauer, Cruyff, Pelé y Platini, entre otros, me llena de orgullo, pero más me llena de orgullo saber que estos tipos y tantas otras figuras han pasado por mi programa”, añade Quique Wolff.

Con respecto al fútbol local, Enrique tiene la opinión bien clara: dice que al fútbol argentino lo ve mal desde raíz y que no entiende por qué el campeonato es de 19 fechas y no de 38 como en Europa. “Un técnico pierde tres partidos y lo echan, así es muy complicado dirigir en Argentina”, anuncia el conductor del noticiero deportivo más visto de Argentina. En cuanto al arbitraje, en tiempos donde se lo castiga mucho, Quique es racional y coherente: “Los árbitros toda la vida fueron iguales, hubo buenos y malos. No me parece justo que se los castigue porque un equipo pierde. Creo que el mejor árbitro en la actualidad es Patricio Loustau”, opina.

Pero no todas fueron buenas para Quique. Hace siete años sufrió un ACV en donde, según su médico, la pelota pegó en el palo y salió. Una vez recuperado, y seis años después, vivió una experiencia única, llevar la antorcha olímpica por las calles de Newcastle. “Fue fantástico, me postulé y en abril me llegó un mail de la Federación Olímpica donde me decían que había sido seleccionado para portar la antorcha”, narra Wolff, que está preparando un libro con entrevistas y anécdotas de sus viajes. “Quiero contar el detrás de escena de las entrevistas porque ahora es muy fácil, hay mucha tecnología pero antes no había GPS y se complicaba mucho”, detalla Enrique.

21.15 y la esposa del futuro escritor anuncia que lacena va a estar lista en diez minutos. “No hay drama, con las Toddy´s tiro hasta las 22”, sentencia Quique Wolff, un ex jugador de fútbol y actual conductor que además realiza un trabajo no remunerado que es su otra pasión: da charlas motivacionales y de liderazgo a empresas. El creador del apodo de “caprichosa” a la pelota cuenta que es muy satisfactorio ver cómo 200 personas escuchan atentamente y se van conformes con sus palabras.

Guatemala, Panamá, Chile, Honduras y Colombia son algunos de los países donde Enrique, junto a un amigo, dio charlas motivacionales aunque, en cada entrevista que da, algo de esas charlas, queda en la cabeza del entrevistador.